En este mundo hay que ser demasiado bueno para serlo bastante

(Daniel Penac)

sábado, 22 de julio de 2017

HOY... AVISOS

PROHIBIDO QUEJARSE


Esta es la expresión que aparece en la puerta de la habitación del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta donde reside. Parece ser que la idea se la pasó un psicólogo amigo suyo.
El texto del cartel concluye con un consejo: "Para volverse el mejor hay que concentrarse en las propias potencialidades y no en los límites, por lo tanto: deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida".
Si esta frase la pronuncia un gurú de los de autoayuda ya había dado la vuelta al mundo y recibiría un montón de elogios y parabienes, pero como es el Papa...
Lo que está claro es que la frase nos viene muy adecuada para los cristianos, que no hacemos más que quejarnos por lo mal que está todo, por la secularización de la sociedad, porque la Iglesia parece que no se actualiza, porque los templos están cada vez más vacíos,... o sea el síndrome de victimismo al que también alude el Santo Padre.
La pregunta es ¿qué hacemos cada uno por vivir y presentar el Evangelio en nuestra acción cotidiana? ¿Cómo participamos en las Eucaristías? ¿Vemos nuestros puntos fuertes  o sólo nos quejamos por nuestras debilidades? ¿Irradiamos la alegría de ser cristianos? ¿Somos de verdad Iglesia?

viernes, 21 de julio de 2017

HOY... ALABAMOS

  CÁNTICO DE ISAÍAS


Siempre os daré, Señor, eternas gracias,
siempre confesaré vuestras grandezas
y siempre alabaré vuestras piedades,
pues justamente contra mí indignado,
contra mí justamente embravecido,
desde el instante que la culpa ingrata
de mis primeros padres os dio en rostro,
porque cuando llegó el dichoso tiempo,
de mí con vivas ansias esperado,
templasteis los enojos y las sañas,
y en piedades de Dios las convertisteis
con tan grande bondad, que por vos mismo
me consolasteis en mis aflicciones
y desahogasteis en mis desconsuelos.

Por lo cual confiado diré a voces:
Mirad cómo el Señor, que justamente
hasta aquí contra mí estaba enojado,
es ya quien me defiende y quien me ampara,
y que a mi Salvador tengo conmigo,
conmigo está, y estando de mi parte,
cuanto animoso viviré seguro;
porque con él, ¿qué habrá que temer pueda?
¿Qué habrá que temer pueda, cuando miro
que es Dios mi defensor y mi defensa,
mi escudo y fortaleza incontrastable?

Venid, hombres; venid, hombres sedientos,
venid, que el Salvador es todo fuentes,
de cuyas venas siempre inagotables
manan perennes dones y favores,
copiosos bienes, abundantes gracias;
venid, devotos, y sacad alegres
de ellas sus abundancias y dulzuras,
satisfaréis la sed insaciable;
en fin, en fuentes como de agua viva,
aguas que hartaros puedan sin hartaros,
y diréis en aquel dichoso día:
Alabad al Señor y bendecidle,
confesadle por Dios y engrandecedle,
invocad, invocad su santo nombre,
y con alegres voces celebradle.

Y tú, congregación de sus fieles,
amado pueblo, morador dichoso
del monte Sión, sagrado monte,
alégrate gozoso, alégrate alaba
con repetidos himnos y canciones
al Santo de Israel, al sólo Santo
y santificador, Dios poderoso,
Dios grande, Dios inmenso y admirable,
pues en medio de ti ves que le tienes,
como pastor en medio del rebaño,
en medio su familia como padre,
y como Rey en medio de su reino;
echadle mil gloriosas bendiciones,
reconocidos a sus largos dones.

José de Valdivieso.

jueves, 20 de julio de 2017

HOY... UNA ORACIÓN

SEÑOR, TÚ ME CONOCES

Tú, Señor, me conoces.
Conoces mi vida y mis entrañas,
mis sendas y mis sueños,
mis idas y mis vueltas,
mis dudas de siempre.
Tú eres, a pesar de mis fallos,
el Señor de mis alegrías y de mis penas.

Déjame estar en tu presencia.
Sosiégame.
Serena mi espíritu.
Abre mis sentidos.
Lávame con agua fresca.
Vísteme como a un hijo y háblame.

Haz posible lo imposible:
compromete mi vida
con un amor fuerte y responsable,
fiel –como el tuyo conmigo-
a los últimos, a los pobres, a los hermanos
en los que Tú, Señor, estás presente.

Florentino Ulibarri.

miércoles, 19 de julio de 2017

HOY...

LO PEQUEÑO Y SU IMPORTANCIA



Uno de los aspectos más negativos del cristianismo y que ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos es el gusto por el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.
Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.
La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.
La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.
La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.
Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.
Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

José Antonio Pagola

martes, 18 de julio de 2017

HOY... UNA HISTORIA

UN SECRETO PARA LA FELICIDAD


Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el secreto de la felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Allí vivía el sabio que buscaba. 
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro joven entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. 
El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que lo atendiera. 
El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde. 
-Pero quiero pedirte un favor- añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida que el aceite no se derrame. 
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio. 
¿Qué tal?- preguntó el sabio- ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca? 
El joven avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado. 
Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el Sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa. 
Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes.
Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. 
De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto. 
¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el Sabio-.
El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que las había derramado. 
Pues éste es el único consejo que puedo darte - le dijo el más Sabio de todos los Sabios-.
El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara. 
El secreto de la felicidad está en saber disfrutar de los grandes placeres de la vida sin olvidar las pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance.

lunes, 17 de julio de 2017

HOY... CARTA

AMAR A  LOS ADULTOS MAYORES



Déjalo hablar... porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien.

Déjalo vencer... en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.

Déjalo ir a visitar... a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente revivir.

Déjalo contar... sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando lo escuchamos.

Déjalo vivir... entre las cosas que ha amado, porque sufre al sentir que le arrancamos pedazos de su vida.

Déjalo gritar... cuando se ha equivocado, porque los ancianos como los niños tienen derecho a la comprensión.

Déjalo tomar un puesto... en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones, porque el año próximo tendrás remordimientos de conciencia si el abuelito ya no está más.

Déjalo envejecer... con el mismo paciente amor con que dejas crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza.

Déjalo rezar... como él sabe, como él quiere, porque el adulto mayor descubre la sombra de Dios en el camino que le falta recorrer.

Déjalo morir... entre brazos llenos de piedad, porque el amor de los hermanos sobre la tierra, nos hace presentir mejor el torrente infinito de amor del Padre en el Cielo.