EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

domingo, 12 de julio de 2015

HOY... EL EVANGELIO

SOMOS ENVIADOS



Toda vocación es envío, se llama para algo: “Predicar la conversión, echar demonios, ungir a los enfermos” y tiene que ser testimonio de vida: “Les encargó que llevaran para el camino…”, lo necesario para vivir. Algo nos recuerda que los cristianos, deberíamos andar por la vida más ligeros de equipaje, más austeros, compartiendo nuestros dineros y nuestro tiempo con los que menos poseen, comprometidos social y políticamente con la transformación de la realidad, siendo más militantes contra los demonios de este mundo, (este sistema capitalista y esta economía, que en palabras de Papa Francisco: mata y crea descartes). San Marcos, su Evangelio de hoy, nos lo muestra.
Sin tantos tinglados pastorales: “Un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”. En demasiadas ocasiones parece que el medio y el mensajero son más importantes que el mensaje. El mensaje es la Buena Noticia de Jesús, quien ve al mensajero tiene que ser capaz de ver a Cristo, el enviado debe ser fiel a quien le envía. Debemos relativizar las mediaciones, no anunciamos opiniones personales por muy importantes que nos parezcan, tendremos que despojarnos de nosotros mismos, de las ataduras que nos retienen. La credibilidad del testigo radica en la grandeza del mensaje, más que en los medios que utilizamos.
“Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa”. El mensaje puede ser rechazado, aunque a nosotros nos parezca lo más importante para nuestra vida y nuestra sociedad. Este mensaje hoy, no sólo encuentra oposición, sino indiferencia, también le pasó a Jesús. Se trata de pedir un cambio de vida, de renovarse, de cambiar las estructuras humanas y sociales, de convertirse y esos nos cuesta a todos, también a los mensajeros y por eso la importancia, como decíamos antes, de estar ligados a Cristo. Por esta razón, debemos evitar todos los triunfalismos o considerarnos superiores, a la vez que revisamos, si presentamos adecuadamente el mensaje. Sacudirse el polvo de los pies puede ser lo último, estamos llamados a no desanimarnos, siempre se puede ir a otro lado.
Mensajeros somos todos, todos somos llamados, encontrarnos con Jesús es lo más importante que nos ha pasado, pero eso, nos invita a un estilo de vida que nos hace testigos (Pablo), apóstoles (los Doce), profetas (Amós). Nos invita a ser cristianos, no sólo parecerlo, a poner en tela de juicio, todo lo que decimos necesario para vivir nuestro día a día, e incluso para transmitir el Evangelio, (no repasen cuantos bastones, alforjas, dineros en la faja, zapatos o sandalias, ni túnicas o corbatas…, son necesarios). Hoy nos vendrían bien unos versos: “Y cuando llegue el día del último viaje y esté a partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar” (Antonio Machado). Los hijos de la mar, llegan así, casi desnudos, últimamente a nuestras costas, ¿quién habló de echar demonios y curar?

sábado, 11 de julio de 2015

HOY... PARA TENER EN CUENTA

ESTO NO ME APORTA NADA



“Esto no me aporta nada” me dice, a veces, con un tono más o menos amargo, alguien de un equipo veterano. Esta frase me desconcierta tanto que, de momento, me siento como inhibido. Esto es lo que me ha ocurrido aun hoy.

Cuando mi visitante se ha marchado, la frase se me ha quedado clavada como una astilla. Me hubiera gustado tener algo que responderle. Me he preguntado cómo reaccionaría si un monje benedictino anciano me dijera que la vida monástica no le aporta nada más, si un carmelita o un casado me hablara con el mismo lenguaje.

Realmente, les diría ¿has entrado en el monasterio, en el Carmelo, en el matrimonio para que ello te “aporte”? Entonces hay un mal entendido de partida. Un corazón bien nacido se compromete, no para recibir primero sino para dar, para estar obligado a darse. Convento, matrimonio, en los comienzos pueden llenar – ¡por lo cual se les felicita! Pero eso no es lo esencial. Al pasar lo años ofrecen lo mejor: su exigencia, la obligación de no cesar de dar nunca, de darse, de renunciar a sí mismo. Y esto es muy bueno para el que ama y es muy insoportable para el que se ama.

Ahora veo mejor lo que habría podido responder a mi visitante: Es cierto que en los Equipos de Nuestra Señora no se compromete uno para toda la vida. Que eres completamente libre para retirarte de ellos. También que me guardaré mucho de incitarte a quedarte en ellos. Pero eso de que no te aportan nada más no es necesariamente el signo para que debas dejarlos. Puede que sea ahora cuando el equipo te preste el mejor servicio, ayudándote a crecer en la caridad. Por otra parte la cuestión no es saber si esto te “aporta” o no, sino de buscar la voluntad de Dios.

Sea como sea, bien que te quedes o que te vayas, hazlo con amor y con alegría, y por docilidad a la voluntad de Dios. Pero no con un corazón huraño y arisco por el que se reconoce que un hombre envejece mal o que una mujer no sabe amar.

HENRY CAFFAREL

 LETTRE MENSUELLE DES EQUIPES NOTRE-DAME, Juin 1962,  XV/9

viernes, 10 de julio de 2015

HOY... ESCUCHAMOS

EL SANTO PADRE HABLA CLARO (una vez más)



La homilía de la Eucaristía matutina del Papa Francisco en la residencia Santa Marta ha tenido como protagonistas a aquellos que tienen la tentación de hacer negocio en las parroquias en lugar de servir para que la gente se encuentre con el Señor.
El Pontífice ha comentado el popular pasaje del Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del templo. Según ha explicado, Jesús actúa de esta manera porque “el templo había sido profanado”, profanado “con el pecado tan grave que es el escándalo”.
Comentando la escena, el Santo Padre ha explicado que “la gente es buena, iba al Templo, no tenía en cuenta estas cosas; buscaba a Dios, rezaba… pero debía cambiar las monedas para poder hacer ofrendas”.
El Pueblo de Dios “iba al templo, no por esta gente, por los que vendían, sino que iban al templo a encontrarse con Dios” y “allí se daba la corrupción que escandalizaba al pueblo”.
A continuación, se refirió al escándalo que un cristiano puede generar con su comportamiento, “con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo, el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad… Cuantas veces vemos que entrando en un templo , todavía hoy, está la lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
El Papa Francisco contó una anécdota sobre este asunto: “una vez, apenas ordenado sacerdote, estaba con un grupo de universitarios, y quería casarse una pareja de novios. Habían ido a una parroquia: pero querían casarse con una Misa. Y allí, el secretario parroquial dijo: ‘No, no se puede’, ‘¿Pero por qué no se puede con la Misa? Si el Concilio recomienda hacerlo siempre con una Misa…’- ‘No, no se puede, porque si dura más de 20 minutos no se puede’ -‘Pero ¿por qué?- ‘Porque hay otros turnos’ -‘Pero nosotros queremos Misa’- ‘Entonces paguen dos turnos’. Y para casarse con la Misa tuvieron que pagar dos turnos. Esto es un pecado de escándalo”.
Para aclarar el asunto, el Papa precisó que “cuando los que están en el Templo, sean sacerdotes, laicos, secretarios, que tienen que manejar la pastoral del templo, se convierten en negociantes, el pueblo se escandaliza”.
“Y nosotros somos responsables de esto. También los laicos, ¿eh? Todos. Porque si hoy veo que en mi parroquia se hace esto, debo tener la valentía de decírselo al párroco a la cara. Y la gente sufre ese escándalo. Es curioso: el Pueblo de Dios sabe perdonar a sus sacerdotes, cuando tienen una debilidad, resbalan hacia un pecado…. Sabe perdonar".
"Pero hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. ¡Esto no lo perdona! Y el escándalo, cuando el Templo, la Casa de Dios, se convierte en una casa de negocios, como el matrimonio: se alquila la Iglesia”.
En definitiva, “no se puede servir a dos señores: o le das culto al Dios viviente o le das culto al dinero, a las riquezas”, dijo el Papa, quien a continuación dio las claves para entender por qué Jesús actúa de esta manera: “Pero, ¿por qué Jesús la ha tomado contra el dinero, contra las riquezas? Porque la redención es gratis, la gratuidad de Dios es la que Él viene a traernos, la gratuidad total del amor de Dios. Y cuando la Iglesia se convierte en negocio, se dice que… la salvación no es tan gratuita… Por esto Jesús coge el látigo en la mano para hacer este rito de purificación en el Templo”.

Extraído de Aciprensa


jueves, 9 de julio de 2015

HOY... APRENDEMOS

LECTURA EN LA EUCARISTÍA



En ocasiones nos preguntamos si para leer lecturas en la Eucaristía hay que tener cualidades especiales, puede leer cualquiera o simplemente cómo hay que hacerlo. El liturgista Enrico Finotti explica: “La Palabra de Dios en la celebración litúrgica debe ser proclamada con sencillez y autenticidad. El lector, en resumen, debe ser él mismo y proclamar la Palabra sin artificios inútiles. De hecho, una regla importante para la dignidad misma de la liturgia es la de la verdad del signo, que afecta a todo: los ministros, los símbolos, los gestos, los ornamentos y el ambiente”.

Dicho esto, prosigue Finotti, “es también necesario solicitar la formación del lector, que se extiende a tres aspectos fundamentales”.

1. La formación bíblico-litúrgica

“El lector debe tener al menos un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura: estructura, composición, número y nombre de los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, sus principales géneros literarios (histórico, poético, profético, sapiencial, etc.). Quien sube al ambón debe saberlo que va a hacer y qué tipo de texto va a proclamar.

Además, debe tener una suficiente preparación litúrgica, distinguiendo los ritos y sus partes y sabiendo el significado del propio papel ministerial en el contexto de la liturgia de la palabra. Al lector corresponde no sólo la proclamación de las lecturas bíblicas, sino también la de las intenciones de la oración universal y otras partes que le son señaladas en los diversos ritos litúrgicos”.

2. La preparación técnica

El lector debe saber cómo acceder y estar en el ambón, cómo usar el micrófono, cómo usar el leccionario, cómo pronunciar los diversos nombres y términos bíblicos, de qué modo proclamar los textos, evitando una lectura apagada o demasiado enfática.

Debe tener clara conciencia de que ejerce un ministerio público ante la asamblea litúrgica: su proclamación por tanto debe ser oída por todos. El Verbum Domini con el que termina cada lectura no es una constatación (Esta es la Palabra de Dios), sino una aclamación llena de asombro, que debe suscitar la respuesta agradecida de toda la asamblea (Deo gratias).

3. La formación espiritual

La Iglesia no encarga a actores externos el anuncio de la Palabra de Dios, sino que confía este ministerio a sus fieles, en cuanto que todo servicio a la Iglesia debe proceder de la fe y alimentarla. El lector, por tanto, debe procurar cuidar la vida interior de la Gracia y predisponerse con espíritu de oración y mirada de fe.

Esta dimensión edifica al pueblo cristiano, que ve en el lector un testigo de la Palabra que proclama. Esta, aunque es eficaz por sí misma, adquiere también, de la santidad de quien la transmite, un esplendor singular y un misterioso atractivo.

Del cuidado de la propia vida interior del lector, además que del buen sentido, dependen también la propiedad de sus gestos, de su mirada, del vestido y del peinado. Es evidente que el ministerio del lector implica una vida pública conforme a los mandamientos de Dios y las leyes de la Iglesia.

Leer en misa es un honor, no un derecho

Esta triple preparación, precisa el liturgista, “debería constituir una iniciación previa a la asunción de los lectores, pero después debería seguir siendo permanente, para que no se relajen las costumbres. Esto vale para los ministros de cualquier grado y orden.

Será finalmente muy útil para él mismo y para la comunidad que todo lector tenga el valor de verificar si siguen estando en él todas estas cualidades, y si disminuyeran, saber renunciar con honradez.

Realizar este ministerio es ciertamente un “honor” y la en Iglesia siempre se ha considerado así. Sin embargo, concluye, no se puede acceder a él a toda cosa, ni debe ser considerado un derecho, sino un servicio en pro de la asamblea litúrgica, que no puede ser ejercido sin las debidas habilitaciones, por el honor de Dios, el respeto a Su pueblo y la eficacia misma de la liturgia.

Extraído de Aleteia

miércoles, 8 de julio de 2015

HOY...

COMPARTIR


Había una vez un rey que tenía una central hidroeléctrica para él solo. Y por las noches iluminaba su palacio de cristal para que todos lo vieran como una luz en la oscuridad. Todos lo alababan y se sentía orgulloso. Pero su corazón estaba en tinieblas, porque le faltaba amor. Un día, visitando su reino, se encontró con un hombre pobre, alegre y sonriente. El rey le preguntó:

— ¿Eres feliz?
— Sí, le respondió, porque tengo la luz de Dios dentro de mí.
— Y ¿cómo se consigue tener esa luz en el corazón?
— Amando a los demás. El amor es luz del alma.

El rey se quedó pensativo y, cuando volvió a su palacio, decidió amar a los demás y compartir con ellos el tesoro de la luz eléctrica, que hasta entonces había guardado celosamente para él. Y al dar luz, recibió luz. Y al amar, recibió amor y se sintió feliz. Quizás tú has sido egoísta guardándote muchas cosas para ti solo. Y no eres feliz. Ya sabes el camino: dar luz y amor.



martes, 7 de julio de 2015

HOY...

LOS PROFETAS ¿DÓNDE ESTÁN?


¿Dónde están hoy los profetas? El profeta está en el desierto. En la intemperie, en los márgenes, a las afueras del poder y de las instituciones. También hoy existen, si queremos escucharlos. Dios no ha estado jamás lejos, jamás ha sido mudo. Dios es la entraña de todos los seres, la entraña íntima y suplicante de todos los seres; Dios es fuego y agua y unción en la entraña de todos los seres. Es adviento de renovación universal. Es mensaje bueno en la voz de todos los profetas, sean conocidos o desconocidos, clamen o susurren.
Amiga, amigo: sé profeta también tú, a tu manera, como puedas, donde estés. Une tu débil voz a la voz irreductible de los profetas. Sé profeta, y no importa que clames o que apenas susurrres. Soñemos y anunciemos, tratemos de construir una nueva sociedad, una nueva economía, una nueva religión. Soñemos y anunciemos y construyamos la nueva ciudad de Dios y de todas las criaturas. Amiga, amigo: en tu desierto, sé profeta también tú. ¡Y sea contigo Aquel que es paz en la justicia y dicha en la piedad!

José Arregui