EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS
(Papa Francisco)
lunes, 31 de julio de 2017
domingo, 30 de julio de 2017
HOY.. EL EVANGELIO (Mt 13, 44-52)
DEJARLO TODO
El Reino de los Cielos, dice Jesús, se parece a un hombre que encuentra un tesoro en el campo y vende todo lo que tiene para comprar el campo. Hace una comparación parecida con el comerciante de perlas finas. Tanto el hombre del campo como el comerciante de perlas finas andaban buscando algo. La cuestión que nos podemos plantear es: ¿estamos buscando nosotros algo? ¿Nos creemos de verdad que hay un tesoro escondido o una perla preciosa? Dicho en otras palabras, ¿estamos dispuestos a venderlo todo a cambio de ese tesoro o de esa perla?
De nuestra sociedad se ha dicho muchas veces que vive en un tiempo de desencanto, de desilusión. Si hubo un tiempo en el que soñamos que otro mundo era posible, hoy parece que a muchos la perspectiva se nos ha hecho más corta y no pensamos sino en cómo sobrevivir, en cómo ir tirando. Nada más. Es como si hubiésemos descubierto que no hay nada por lo que valga la pena “venderlo todo”. Y de hecho no estamos dispuestos a sacrificar nada de lo poco que tenemos. No estamos seguros de que exista ningún tesoro escondido ni ninguna perla preciosa. No estamos seguros de que valga la pena luchar por el Reino de los cielos. ¿Qué reino es ése? Después de años de lucha y de esfuerzo, ¿qué hemos logrado? Nos hemos quedado decepcionados. No hay nada por lo que luchar. ¡Dejémonos de sueños!
Pero Jesús sigue proponiendo un ideal absoluto. Por el Reino de los cielos vale la pena “dejarlo todo”. ¿Qué es todo? “Todo” es la seguridad económica, la buena fama, las expectativas de la familia. “Dejarlo todo” significa vivir al estilo de Jesús, tratar de actuar como Jesús lo haría, ser portadores y mensajeros del amor de Dios para con los pobres y necesitados de todo tipo. ”Dejarlo todo” significa no guiarse por los criterios egoístas de este mundo, dejar de acaparar y comenzar a compartir, relacionarse con los demás de forma gratuita y no ponerle precio a todo lo que hacemos. Para “dejarlo todo” no hace falta abandonar materialmente a la familia o meterse en un convento. Se puede seguir en el mismo trabajo y vivir en la misma casa. La diferencia es que uno se guía por los criterios del Evangelio para vivir. Entonces se empieza a ser ciudadano del Reino. Se adquiere una nueva identidad: la de hijo/hija de Dios Padre y hermanos en Jesús de todos los hombres y mujeres.
Pero para llegar ahí es necesario creer firmemente que hay un tesoro y que ese tesoro es lo mejor que nos podemos encontrar en la vida, que por ese tesoro vale la pena dejarlo todo. Que Dios nos dé discernimiento y sabiduría como a Salomón para conocer lo que es justo y bueno.
sábado, 29 de julio de 2017
HOY... UNA REFLEXIÓN
VERDADERA PALABRA
¿Ha perdido fuerza el Evangelio? ¿Por qué tanta gente no lo escucha no parece interesarles? Preguntémonos nosotros, creyentes y a la escucha de la palabra, qué mantiene la fuerza y vitalidad de nuestra fe. Isaías dijo en nombre del Señor: "Como bajan la lluvia y la nieve, y no vuelven sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, así será mi palabra". Todos debemos escucharla y orar con ella, ponernos en contacto con cristo y aceptar sus exigencias. Una y otra vez. Resulta sorprendente y vergonzosos comprobar que buena parte de los creyentes apenas leemos los evangelios no reflexionamos sobre ellos, empobreciendo así nuestra vida espiritual, al quedar ella sin alimento verdadero, sin contacto auténtico con la vida y la doctrina de Cristo. Cuántas veces nos fiamos más, de hecho, de libritos o fervorines que de la verdadera palabra que salva.
jueves, 27 de julio de 2017
HOY...
EL PESO DEL RENCOR
El tema del día era el Resentimiento, y el maestro nos había pedido que lleváramos patatas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una patata por cada persona a la que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de patatas. Naturalmente la condición de las patatas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran mas importantes para mí.
Todos tenemos patatas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental. Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.
Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de amor.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado. La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
"La declaración del Perdón es la clave para liberarte". ¿Con qué personas estas resentido? ¿A quienes no puedes perdonar? ¿Eres tú infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos? Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás medido... El perdón es la expresión máxima del amor.
"Aligera tu carga y estarás más libre para moverte hacia tus objetivos".
miércoles, 26 de julio de 2017
HOY...ENTREVISTA
UN SACERDOTE "NORMAL"
Esteban Díaz Merchán, de 51 años, es sacerdote desde hace 26 años, cuando fue «llamado por su inmensa gracia a servir a la gente a través de su Iglesia, y contando con mis debilidades», según él mismo afirma. En este tiempo mucho le ha dado tiempo a hacer y lugares a recorrer antes de llegar a la provincia de Salamanca, donde actualmente ejerce su ministerio en los municipios de Mogarraz, San Martín del Castañar, Cereceda de la Sierra y Las Casas del Conde, además de formar parte del equipo pastoral del colegio Maestro Ávila en la capital.
-¿Cuál es el trabajo que realiza en Salamanca?
- Soy miembro de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, que me confió colaborar en el Colegio Maestro Ávila (Salamanca) en el equipo de Pastoral, junto a otros profesores. Mi trabajo en la Diócesis de Salamanca es acompañar desde octubre de 2014 las comunidades cristianas de las parroquias de Mogarraz, San Martín del Castañar, Las Casas del Conde y Cereceda de la Sierra.
- ¿Y antes de llegar a Salamanca?
- He sido encargado de tareas sacerdotales diversas en siete destinos. He trabajado en seminario menor, seminario mayor, parroquias de barrio en ciudad, parroquia de urbanizaciones, he impartido clases en instituto público y en seminario, y ahora vivo mi ser sacerdote en el colegio y en comunidades del mundo rural. He vivido en Toledo, Madrid capital, Guadix (Granada), Valladolid, Majadahonda (Madrid) y Salamanca.
- Mucho movimiento. ¿Cuáles son sus raíces?
- Soy toledano, pero “me nacieron” en Madrid. Mi pueblo de pacer es Val de Santo Domingo. Mi familia es de gente sencilla y buena. De ellos aprendí a poner oído a la vida y a Dios. Mi padre, agricultor y albañil, y mi madre siempre atareada en el hogar, nos mostraron en casa el camino de lo sencillo y profundo, intentando hacer las cosas bien. Mi hermana y su familia, y la familia más amplia vivimos dispersos, pero gracias al “guasap” contactamos con frecuencia, para las risas y las lágrimas… y para las migas familiares de cada invierno.
- ¿Los sacerdotes tienen una infancia y juventud normal?
- Habrá de todo… A mí me gustaba el fútbol y la música heavy. Los sacerdotes de mi entorno en el pueblo llamaron mi atención, porque no eran “poderosos”, sino entregados y generosos. Seguro que Dios se sirvió de ese virus vocacional en mi caso. Siendo yo un jovencito de 12 años, el cura de mi pueblo, con gran sentido práctico, nos ilusionó a un grupo de monaguillos y nos recibieron en el nutrido Seminario de Toledo. Allí ahondamos en nuestra formación humana y cristiana. Eran los años finales de los 70, con sus melenas incluidas. En este seminario conocí a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, que desde entonces me acogió y es también mi familia de fe. De estos sacerdotes me impactaba su cercanía, su convivencia jovial y fraterna. Trataban con cariño a mi familia, a todas. Un operario macoterano me propuso continuar mis estudios en Salamanca con los operarios. Siempre agradeceré a mi familia los esfuerzos económicos de esos tiempos… y la esperada y tranquilizadora beca de estudios.
- ¿Y lo de ser sacerdote? ¿Una llamada al móvil de parte de Dios?
- Salamanca y el Aspirantado Maestro Ávila, en la calle Fonseca, fue otro descubrimiento. Tiempo duro de estudio, a la vez que mucha confianza en un real clima de familia, aliñado con oración, silencio, deporte, amistades, campamentos… La llamada de Dios en mí iba creciendo sin ruido. Jesucristo me ganó y aceptó mis cualidades y mis pobrezas. Años de búsqueda y respuesta a Cristo y su Iglesia… ¡Todos nos jugamos la única vida que tenemos! Después de los Estudios de Teología en la ‘Ponti’, me destinaron a Madrid, a la Parroquia de San Cristóbal y San Rafael, donde recibí la Ordenación Sacerdotal; era 1991.
- ¿Siempre ha desarrollado su labor sacerdotal conviviendo con otros sacerdotes?
- Sí. Esto es lo peculiar de nuestra vida como sacerdotes operarios. La vida en equipo, en grupo, en colaboración. Los otros te llevan adonde tú nunca llegarías solo. Es alentador trabajar junto a otros y vivir lo excepcional y también lo aburrido; los triunfos y también las decepciones. Si como sacerdotes no somos personas enteras, no habrá mensaje creíble sobre Cristo que podamos anunciar. Vivir en comunidad es un regalo, una oportunidad, pero también una tremenda exigencia, llena de tropezones. La Hermandad a la que pertenezco es una Asociación Sacerdotal fundada en Tortosa (Tarragona) en 1883 por el sacerdote Manuel Domingo y Sol que se desvivió por los seminaristas pobres e incrementó la formación sacerdotal en España y otros países. Su intuición fundamental es vocacional: Dios llama a todos porque nos ama y nos salva. Y después comprobó que la tarea, en la asociación sacerdotal que él inició, era fundamental realizarla en equipo, ayudándose y corrigiéndose como hermanos.
- ¿Qué ha encontrado en su vida en los pueblos de la Sierra de Francia a los que ahora está unido?
- Fue un notable contraste con mi realidad sacerdotal anterior. Venía de un ambiente urbanita, de una querida comunidad amplia con muchas familias, jóvenes y niños durante todo el año. Y aquí, en medio de los pueblos de esta exuberante y mágica Sierra, encontré el regalo de familias acogedoras y la sabiduría y paciencia y saber estar de la gente mayor. Y sigo aprendiendo… En los tiempos que convivo en las comunidades siempre hay sorpresas personales; remarco algunas positivas: charlar un buen rato con quien te encuentras, visitar y confortar a personas enfermas o impedidas, hablar con quien tiene alguna necesidad, orientar hacia servicios sociales o de orden institucional, felicitar por acontecimientos alegres, acoger las lágrimas del duelo o las enfermedades, compartir alimento y refresco en los hogares, o si se tercia en las bodegas o bares… En definitiva, vivir ese momento como único, irrepetible. Y vivirlo en Cristo; los clásicos decían “vivir en presencia de Cristo”. Muchos pretextos son buenos para hacer de la vida el arte del encuentro. Con frecuencia pienso ¿Qué haría Jesús, y cómo? También hay situaciones generales muy dolorosas; serían numerosas de citar; subrayo la falta de expectativa laboral para quienes quieren mantener su familia, especialmente los jóvenes, y el abandono del mundo rural por las instancias públicas.
- ¿La eucaristía del domingo os tiene muy ajetreados a los sacerdotes del mundo rural?
- Sí. Quisiéramos llegar a todos los pueblos y comunidades. Pero las cuentas no salen y eso de “un cura, un pueblo” es ya del siglo pasado. Debemos hacer kilómetros de carretera, pero, sobre todo, hemos de relanzar el rostro renovado de una Iglesia Conciliar y Evangélica que nos anima a compartir misión con los seglares, a crear cimientos de comunidad, a estar cercanos a los más débiles, a celebrar la vida, en definitiva, a confiar más en Dios y menos en nuestros programas. Si la eucaristía no nos lleva a ese estilo de vida, es que lo estamos viviendo mal, y poco importa si el templo está lleno por ser las fiestas del pueblo. La eucaristía del domingo es el culmen de la semana que hemos vivido y quiere ser la fuente que alimente la semana por venir. Cada eucaristía es recibir alimento y cobijo de Dios, un tomarnos el pulso sobre nuestra vida y afrontar retos.
- ¿Cómo llegar a todos los municipios, sobre todo, en días en los que la actividad se triplica?
- Efectivamente. Soy de un pueblo, pero hasta ahora no había sido sacerdote para varios pueblos. Lo primero que agradeces es la vida de sacerdotes anteriores, que desde hace décadas, inviernos duros y veranos agobiantes, han sacrificado su ministerio para llevar a estas comunidades la Buena Noticia de Jesús. Experimento caminar por un cauce ya roturado. También agradecemos los sacerdotes la vida de personas que en cada Comunidad cuidan la vida parroquial con todo interés, desde las cosas de sacristía, hasta los importantes detalles sobre personas o situaciones de cada pueblo. Estas personas merecen agradecimiento pues están enraizados en el Evangelio, sin reclamar ningún reconocimiento. Mencionaré lo importante que es, en nuestra Diócesis y en este Arciprestazgo de la Virgen de la Peña, trabajar y orar por vivir en verdadera comunión, interesados ahora en el aterrizaje de la Asamblea Diocesana 2014-6. Y luego, en el día a día, sigue lo importante cuando estás con cada persona, con cada familia, con cada grupo. La tarea del sacerdote es una labor a fuego lento, al modo artesanal, dando importancia a los detalles, y sin esperar recompensas. Ojalá tuviéramos tiempo abundante para poder darlo y menos kilómetros que recorrer.
- ¿Qué claves encuentra en su trabajo con los jóvenes del colegio y los de la Sierra?
- Los jóvenes son inquietos y buscadores en todos sitios. Los educadores intentamos ofrecer a los niños y jóvenes valores que brotan del Evangelio de Jesús para que sean personas y ciudadanos íntegros: una clave esencial es la inclusión, valorando a todos, especialmente a los más débiles, pues todos valemos, tenemos valor por “ser” hijos de Dios y no por lo que podamos hacer o lograr. También fortaleciendo la idea de grupo, de comunidad, generando cauces de trabajo cooperativo. A la vez intentamos desarrollar actitudes para que los jóvenes sean personas libres, críticas, sanas afectivamente. En el Colegio Maestro Ávila esta oferta educativa está organizada; somos un Centro Educativo Privado Concertado, con Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato y Ciclo Formativo en Artes Gráficas, y nuestro Departamento de Pastoral trabaja desde hace muchos años para ser un cauce que favorezca estos valores evangélicos; además explícita el mensaje cristiano celebrándolo. En los pueblos es más complejo para todos los sacerdotes, pues los jóvenes tienen su propio espacio educativo y participar en los actos religiosos o vincularse a la parroquia pasa por la decisión libre. Los jóvenes son siempre reto para la Iglesia en todos los espacios pastorales.
- ¿Cuál es la situación más difícil que le ha tocado vivir cómo párroco? ¿Y la qué más satisfacción le ha dado?
- Dice un cantautor moderno algo así: «Puedes olvidar con quien has reído, pero nunca olvidarás con quién has llorado». Las situaciones difíciles tienen que ver con la vida y la muerte. En cada entierro, en las visitas hospitalarias, intento calzarme las zapatillas de quienes sufren su enorme pesar. Todas estas realidades son duras. Experiencias necesitadas de vida auténtica. Y Cristo lo es.
Y en lo positivo, insisto en la realidad cotidiana del momento a momento. Cada encuentro con alguien es un mundo abierto al misterio de la otra persona y del Otro (Dios mismo en él). Y es que la vida es el arte del encuentro. Me gusta recordar esta frase del Talmud: «Quien salva una vida salva al mundo entero». En cada persona están todos. En cada minuto actual está toda tu vida.
Con especial alegría recuerdo las veces que puedo caminar un día o unas horas con alguna persona o grupo, por los caminos de la Sierra de Francia. Sigo aprendiendo senderos que me enseñáis los serranos. A veces voy con jóvenes, otras con adultos. Me encanta aprender especialmente de los más mayores, que trabajaron estas tierras… me impresionan los ‘paredones’ serranos, arquitectura laboral civil de años y generaciones.
- ¿Qué diferencias existen en ser párroco en el ámbito rural y en el ámbito urbano?
- He sido sacerdote en un barrio trabajador, en la Parroquia de Santa Teresa, en La Rondilla de Valladolid. Y durante estos últimos años estuve en la Parroquia Beato Manuel, en Majadahonda. Y puedo afirmar que las personas somos ‘una a una’. Hay virtudes y fallos en todos nosotros. Las generalizaciones no ayudan, aunque siempre los más pobres nos enriquecen, y los más sencillos son más avezados en encontrar lo importante de la existencia humana. Hay gente buena en todos sitios.
- ¿Hacia dónde cree que camina la Iglesia?
- No tengo nada de profeta. Sé que siempre hace falta confianza para dar el siguiente paso. En la vida religiosa y eclesial sucede igual: Si confiamos en Jesucristo todo marchará. Si nos descentramos crece enseguida la desesperanza. Para los cristianos es esencial vivir de Jesucristo; y desde él para todos. Si Cristo está, todo marcha, aunque aparentemente arrecie en la vida privada o en el plano social y público.
Artículo publicado en El Norte de Castilla
Esteban Díaz Merchán, durante su ministerio en Majadahonda, fue consiliario de un equipo ENS y desde hace muchos años mantiene una gran amistad personal con los redactores de este blog.
martes, 25 de julio de 2017
HOY... UN EJEMPLO
INVERSIÓN DE FUTURO
UN AMIGO ME PREGUNTÓ....
Por que gastar tanto dinero para que tu hijo entrene FÚTBOL???
RESPUESTA:
Bueno, tengo una confesión que hacer, yo no pago porque mi hijo entrene FÚTBOL.
Personalmente, no podría importarme menos el FÚTBOL
Así que, si no estoy pagando por el FÚTBOL, que estoy pagando??
- Pago por esas mil sonrisas que me regala el día de entrenamiento
- Pago por esos momentos en que mi hijo vuelve tan feliz de jugar que contagia alegría a mi familia.
- Pago por esos días que viene de la escuela demasiado cansado para ir a entrenar, pero va de todas formas, porque es un compromiso, y sabe que no puede fallarle al equipo.
- Pago para que mi hijo aprenda a ser disciplinado
- Pago para que mi hijo aprenda a cuidar su cuerpo y su mente
- Pago para que mi hijo aprenda a trabajar con los demás y sea un buen compañero.
- Pago para que mi hijo aprenda a lidiar con la decepción cuando no obtiene lo que esperaba, y que entienda que debe esforzarse más aún.
- Pago para que mi hijo sobrepase los obstáculos de la vida y aprenda a alcanzar todos sus objetivos.
- Pago para que nunca olvide que el éxito no ocurre de la noche a la mañana y para que entienda que necesita horas y horas de trabajo duro para mejorar en lo que se proponga.
- Pago por la oportunidad que tendrá mi hijo de hacer amistades para toda la vida.
- Pago para que mi hijo esté sobre el campo de juego y no frente al televisor, al celular o en la esquina "haciendo nada".
- Pago para que aprenda a ser humilde en el triunfo y digno en la derrota.
- Pago para que aprenda valores que lo conviertan en una persona de bien el día de mañana.
Podría seguir, pero para ser breve; NO PAGO POR EL FÚTBOL
PAGO POR LAS OPORTUNIDADES QUE LE OFRECE ESTE DEPORTE A MI HIJO DE DESARROLLAR HABILIDADES QUE LE SERÁN FUNDAMENTALES EN SU CRECIMIENTO, PARA QUE LOS VALORES QUE PRETENDEMOS ENSEÑARLE EN LA CASA SEAN REFORZADOS EN EL FÚTBOL Y LO ACOMPAÑEN PARA TODA LA VIDA.
Y POR LO QUE HE VISTO HASTA HOY..... CREO ES MI MEJOR INVERSIÓN!!!
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