SALVADO DEL ABISMO
Suceden cosas en la vida que te hacen sufrir mucho,
pero después de poco o de mucho tiempo adviertes que fue lo mejor que te pudo
pasar. Como aquel señor que llegó tarde al aeropuerto por un embotellamiento
del tráfico. Estaba todavía lamentándolo con un amigo, cuando se propaló la
noticia de que el avión apenas remontado se precipitó fatalmente a tierra.
El pintor inglés Thornbill recibió el honroso encargo
de pintar el interior de la cúpula de la catedral de San Pablo. Luego de muchos
meses de arduo trabajo terminó este importante compromiso. Para mirar bien su
obra de arte retrocedió poco a poco sobre el andamio para apreciarla en
su conjunto. Sin darse cuenta estaba llegando al borde del andamio en lo alto
de la cúpula. Medio paso más y hubiera caído fatalmente. Uno de sus ayudantes
de inmediato tomó un pincel y empezó a pintar una raya horrible a través del
cuadro. Indignado el pintor se lanzó hacia el culpable para arrancarle el
pincel. Pero su ira se convirtió en gratitud cuando éste le dijo: "Te
salvé la vida, pues corriste hacia delante y te alejaste del abismo".
A veces Dios hace lo mismo con nosotros: para
salvarnos de desgracias irreparables dispone algún acontecimiento que nos
duele, pero que en su designio de amor nos hará crecer en madurez, o superar un
vicio que nos esclaviza, o prescindir de una amistad peligrosa, o abrir la
mente a enfoques más generosos y altruistas…
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