EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

miércoles, 14 de diciembre de 2016

HOY... COSAS DE NAVIDAD

Siete lecciones para Navidad
(La felicidad no está en las cosas)



En Navidad los regalos adquieren un valor tan importante que los deseos de grandes y chicos se ven reflejados solo en objetos materiales; pero la Navidad va mucho más allá de esto, debe trascender en nuestros corazones.

Para ello, los expertos del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, nos comparten las siguientes ideas para sorprender a los hijos con verdaderos regalos de amor. Es muy fácil, son gratis, no necesitan de un empaque especial y están ahí al alcance de su mano:

1. Si su anhelo es que su hijo sea feliz, no le dé todo lo que pide. Valórelo, priorícelo y sintonícelo con sus objetivos educativos.

2. Los niños no se pueden sobornar. Los regalos nunca suplirán la falta de tiempo o atención de los padres. ¿Será que los hijos prefieren un juguete o ir con su padre a patinar, a jugar al futbol, montar en bici, ir al cine o, sencillamente, compartir los dos la fantasía de un cuento…? En ocasiones, disfrutar con los hijos será el mejor juguete que puedan recibir de sus padres. ¡Y eso es gratuito!

3. Acostumbrar a los hijos a pasar la Navidad con lo que se tiene, ya es el mejor regalo que les podemos hacer. No se trata de que sufran, pero sí de que vivan la realidad y acepten con ilusión lo poco o mucho que puedan recibir como regalo.

4. Lo que ellos piden para la Navidad no siempre es lo que más les conviene. Cuando se es niño no hay criterio ni límites para pedir; por eso, la tarea de pensar qué regalar debe ser responsabilidad de los padres.

5. Hable con ellos acerca de lo que han pedido en su carta al Niño Dios o a los Reyes. En muchas ocasiones nos sorprenderán los motivos por los que han elegido sus regalos, tanto por su acierto como por su desacierto. Aproveche su capacidad de entusiasmo para sugerirles alternativas más enriquecedoras.

6. Navidad es sinónimo de familia. Es un buen momento de ser sincero consigo mismo y reflexionar sobre el papel de padre o madre. Seguro que hay cosas que se pueden mejorar. Es un tiempo para ser humilde y recapacitar.

7. La felicidad no está en las cosas; más bien es un estado del alma producto de la paz espiritual que se gana con las buenas acciones y del bienestar consigo mismo y con la familia.


La Navidad es amor y está colmada de tradiciones que deben trascender a los hijos para que prevalezcan más allá del tiempo. Es la oportunidad de inculcar en ellos la grandeza de los buenos sentimientos.

martes, 13 de diciembre de 2016

HOY...

LOS QUE VIVEN


Los que viven son los que luchan, son aquellos 
cuyo designio fijo llena el alma y la frente. 
Los que con un alto destino trepan a la áspera cima. 
Los que marchan pensativos, enamorados de un fin sublime. 
Teniendo ante sus ojos, sin cesar, noche y día, 
o un trabajo santo, o un gran amor. 
Es el santo profeta prosternado ante el arca, 
es el trabajador, pastor, obrero o patriarca, 
aquellos cuyo corazón es bueno, cuyos días están llenos. 
Los que viven, Señor, a los otros, los compadezco.
VÍCTOR HUGO

lunes, 12 de diciembre de 2016

HOY...

¿QUÉ ESPERAMOS, DE VERDAD?

Mucha gente está preguntando de Donald Trump. En todas partes quieren saber qué tipo de presidente será. No tiene experiencia como gobernante. No obstante tomará las riendas del país más poderoso en el mundo. Habla mucho de cómo salvará los empleos norteamericanos. Pero los designados de su gabinete parecen como capitalistas puros. Vamos a ver cómo es Donald Trump en este año venidero. Por ahora, nos sirve como ejemplo. Como la gente se pregunta de Trump, Juan Bautista se pregunta de Jesús en el evangelio de ayer.

Juan pensaba que Jesús era el Mesías cuando lo bautizó en el río Jordán. Pero desde entonces Jesús no ha actuado como el Mesías que Juan tenía en cuenta. No condena a los pecadores con gritos. Más bien, come con ellos para sacar su arrepentimiento. Ni predica sermones apocalípticos. Más bien, llama a sus seguidores “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”. Por eso Juan envía a sus discípulos a Jesús para preguntarle: “’¿Eres tú el que ha de venir…’”?; es decir, el Mesías.

La duda de Juan sobre Jesús vale para nosotros. Al menos algunos de nosotros tenemos otras expectativas para el Mesías basadas en cómo leemos el evangelio. Que esbocemos tres posibilidades. Entonces preguntaremos a nosotros mismos cuál de las tres corresponde lo mejor al evangelio.

En el tiempo de Jesús mucha gente esperaba a un Mesías político. Querían a un guerrero que podría expulsar al imperio romano de Israel. Hoy en día algunos quieren que Jesús venga para castigar a los malvados que les molestan. Pueden ser los vecinos que hacen ruido hasta muy noche o los jóvenes que ven fumando cigarros. Pero Jesús nunca ha pretendido ser Mesías guerrero. Por esta razón siempre dice a los testigos de sus hazañas: “no digan nada a nadie”.

Varias personas esperan ahora a un Mesías que va a llevar sus almas al cielo cuando mueran. Su única preocupación es evitar todo tipo de pecado. Vienen al templo sólo para rezar por sí mismos. No les interesa formar una comunidad para ayudar a los demás. Hay una pista –pero sólo una pista– de esta expectativa del Mesías en la segunda lectura de la misa hoy. Dice que hemos de esperar la venida del Señor como un labrador aguarda la cosecha. El labrador va a rezar por las lluvias mientras espera. Por supuesto, también tiene que preparar la tierra y sembrar las semillas, pero no hay mención de ningún trabajo –el equivalente a obras buenas– en el pasaje.

La mayoría de nosotros deberíamos estar esperando a un Mesías que va a cumplir nuestros esfuerzos. Es decir, hemos de servir a los demás en una manera  semejante a la de Jesús en el evangelio. Dice que Jesús se ocupa a sí mismo cuidando a los ciegos, sordos, cojos, leprosos, y pobres. Si nos ve continuando su socorro en la tierra, ciertamente nos reconocerá como suyos. Entonces nos llevará consigo a su Reino.


Un cine reciente mostró a un futbolista con una enfermedad terminal. Los médicos le dieron sólo cuatro años antes de que el deterioro de sus músculos corte su vida. En lugar de esperar su fin como gentes aguardando que la lluvia pare, él se dedicó a sí mismo a dos proyectos. Cómo la sal de la tierra, él hizo la vida más agradable de otras personas sufriendo la misma enfermedad pero sin sus recursos. Y como la luz del mundo este futbolista grabó una serie de videos contando a su hijo bebé de sus esperanzas por él. Es cómo Jesús va a reconocer a nosotros como los suyos: haciendo esfuerzos para ayudar a los demás y contando a nuestros seres queridos de nuestro amor.
P. Carmelo Mele O.P.

domingo, 11 de diciembre de 2016

HOY... EL EVANGELIO (Mt 11, 2-11)

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?


Si alguien nos cuestionase, como hoy hacen los dos discípulos enviados por Juan, al preguntar a Jesús: ¿Sois vosotros los seguidores de Jesús, o tenemos que esperar a otros y buscarlos en otra parte? Algunos puede que se sintieran ofendidos, pero, podríamos responder con el texto de Isaías, (primera lectura), como hizo Jesús y decir: Sí, somos nosotros; anunciar lo que estáis viendo y oyendo: los hombres son liberados y a los pobres se les anuncia la buena noticia del Reino. ¡Felices vosotros si no os sentís defraudados por nuestro testimonio!
Toda noticia y el Evangelio es “buena noticia”, se basa en hechos concretos, sin hechos no hay noticia, más aún, una noticia no basada en hechos, es una mentira. Por eso, las palabras que pronunciemos, aunque sean muy elevadas o de acuerdo a la doctrina, sino van avaladas por los hechos, están huecas. Dejémonos de discusiones, sobre la salvación espiritual o temporal, la liberación del cuerpo y del alma,… La muestra de su Mesianismo está clara: lo más importante es la persona, el hombre y primero el que no tiene, después el que tiene, primero el enfermo, después el sano. Primero el Reino y su justicia, el resto vendrá por añadidura, por eso rezamos: “Que venga tu reino” y empujamos la historia con acciones concretas.
Hoy la pregunta no es: ¿Cómo es Dios?, tenemos demasiada doctrina; sino ¿Dónde está Dios? Y el cristiano que quiere tener experiencia de Dios, es decir ser místico, debe ir a buscarlo donde está, desde donde se nos acerca y se nos revela. El texto nos dice; que es en los débiles, los que no cuentan, como diría Eduardo Galiano, “los nadies”, donde nos habla e interpela. Pero éste, no es sólo un problema ético o de derechos humanos, sino la clave desde la que tenemos que interpretar la realidad, la fe, la espiritualidad, la vida en sí. Recordando a todos los crucificados, que Jesús es el Viviente (esto es la Buena Noticia) y reviviendo nosotros, para responder a la pregunta inicial de esta homilía, que queremos desvivirnos por los que Él ama.
Por eso los cristianos, la Iglesia, si quiere ser grande, debe de hacerse pequeña, humilde, pobre, como dice el Papa Francisco: “quiero una Iglesia pobre, para los pobres”. Si lo que se dice de María, puede decirse de alguna manera de la Iglesia, ella fue la más grande, porque se hizo esclava, se humilló. Dios mismo al que consideramos lo más grande, se hizo pequeño, niño, en el establo de Belén. Es necesaria, una revisión a fondo de la tarea pastoral de la Iglesia, de tantos prejuicios que tienen algunos, sobre los pequeños, los que no cuentan en la historia; y sobre todo, una revisión del lenguaje para hacerlo comprensible, no tan misterioso y que éste basado, en la cercanía a los más necesitados.

sábado, 10 de diciembre de 2016

HOY... PENSAMIENTOS

VIVIR COMO UN NIÑO


"Si un niño vive con tolerancia, aprenderá a ser paciente.
Si un niño vive con aliento, aprenderá a tener confianza en sí mismo.
Si un niño vive entre críticas, aprenderá a condenar a su prójimo.
Si un niño vive entre pleitos, aprenderá a pelear.
Si un niño vive en el ridículo, aprenderá a ser tímido.
Si un niño vive con venganza, aprenderá a sentirse culpable.
Si un niño vive con estímulo, aprenderá a apreciar a las demás personas.
Si un niño vive con rectitud, aprenderá lo que es justicia.
Si un niño vive con seguridad, aprenderá a tener fe.
Si un niño vive con aprobación, aprenderá a valorarse.
Si un niño vive con amor, ternura y amistad, aprenderá a amar, amar, amar.....".

viernes, 9 de diciembre de 2016

HOY...

UN REGALO LUMINOSO


“Hace algunos años, cuando visitaba una provincia de jesuitas en América Latina, fui invitado a celebrar la Misa en un suburbio, en una favela, en uno de los lugares más pobres de la zona. Unas cien mil personas vivían allí en medio del barro, porque este suburbio estaba construido en una depresión que se inundaba cada vez que llovía…

La Misa tuvo lugar bajo una especie de techumbre en mal estado, sin puerta, con perros y gatos que entraban libremente. El resultado me pareció, con todo, maravilloso. El canto repetía: “Amar es darse… ¡Qué bello es vivir para amar y qué grande tener para dar!”

A medida que el canto avanzaba, sentí que se me hacía un gran nudo en la garganta. Tenía que hacer un verdadero esfuerzo para continuar la Misa. Aquellas gentes, que parecían no tener nada, estaban dispuestas a darse a sí mismas para comunicar a los demás la alegría, la felicidad.

Cuando en la consagración elevé la hostia, percibí, en medio del tremendo silencio, la alegría del Señor que se encuentra entre los que ama. Como dice Jesús: “Me ha enviado a predicar la Buena Noticia a los pobres”, y “felices los pobres”…

Al dar la comunión, me fijé en que en aquellos rostros secos, duros, quemados por el sol, había lágrimas que rodaban como perlas. Acababan de encontrarse con Jesús, que era su único consuelo. Mis manos temblaban.

Mi homilía fue corta. Fue sobre todo un diálogo. Me contaron cosas que no suelen escucharse en los discursos importantes, cosas sencillas, pero profundas y sublimes…

Al terminar la eucaristía un tipo corpulento, con aspecto de delincuente y que casi daba miedo, me dijo: “Venga a mi casa. Tengo un regalo para usted”. Yo, indeciso, dudaba si debería aceptarlo, pero el jesuita que me acompañaba me dijo: “Acepte, padre, son muy buena gente”.

Así que fui con él a su casa, que era una barraca medio destruida, y me invitó a sentarme en una silla desvencijada. Desde mi sitio yo podía contemplar la puesta de sol. El grandullón me dijo: “Mire, Señor, ¡qué hermosura!”. Nos quedamos en silencio durante algunos minutos. El sol desapareció. El hombre exclamó: “No sabía cómo agradecerle todo lo que hacen por nosotros. No tengo nada que darle. Pero pensé que le gustaría ver esta puesta de sol. ¿A qué le ha gustado?”. Y me dio la mano.”

P. Pedro Arrupe