EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

jueves, 21 de marzo de 2013

HOY HABLAMOS DE...

LA AUTÉNTICA REALIDAD


La Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) acaba de elaborar un informe en que dice que hay tres millones de españoles en situación de pobreza extrema y que la capacidad media económica de los españoles ha caído a niveles de 2001. No solamente eso, sino que la caída de ingresos se está produciendo en las clases más desfavorecidas, con las rentas más bajas. Según los estudios, el número de españoles en situación de pobreza relativa roza los diez millones de personas. Los fríos números indican que supone el 60% de la mediana de la renta nacional. Si esto ya de por sí es un problema, mayor es lo que viene asociado a ello, la exclusión social y el incremento de las desigualdades sociales, que se está produciendo con un aumento sin precedentes. Cáritas habla claramente de una sociedad "fracturada", con una desigualdad que ha venido acompañada de la disminución de los recursos de protección social pública en su vertiente redistributiva y asistencial. La ONG de la Iglesia está literalmente superada por los acontecimientos y las necesidades. 
Esta crisis ha sacado a relucir uno de los aspectos más oscuros del ser humano: la insolidaridad. En una sociedad tan individualista, en que nos importa poco o nada las desgracias de nuestro prójimo, cuando las cosas se ponen feas falta el auxilio entre personas. Como somos individuales, las desgracias ajenas nos dicen muy poco, ni las conocemos ni queremos hacerlo; pero si las problemas nos ocurren a nosotros, como somos individualistas nos encontramos solos y sin ayudas para resolver el problema. Peligrosa dualidad. Nos  estamos volviendo insensibles a necesidades de nuestro prójimo, de nuestro vecino, de nuestro compañero de trabajo, de gente de nuestra propia familia y no estamos hablando de temas materiales exclusivamente, sino de otras necesidades, más humanas, menos estadísticas, pero cuya carencia nos impide un auténtico crecimiento personal y colectivo. Si no somos aceptados, somos excluidos, no nos sentimos personas, no tenemos dignidad. El Papa Francisco ha manifestado que la Iglesia debe ser de los pobres, pero no hay que ir a buscarlos muy lejos, probablemente caminan a nuestro lado.

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