EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

viernes, 10 de mayo de 2013

HOY HABLAMOS DE...

EL ESPÍRITU SANTO

El Tiempo Pascual que estamos viviendo es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo, donado por Jesucristo crucificado y resucitado.
Pero ¿quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es Kyrios, Señor. Él es  verdaderamente Dios como los son el Padre y el Hijo, lo adoramos y glorificamos igual que al padre y al Hijo. Es la tercera persona de la Santísima Trinidad, el gran don de Jesucristo crucificado, que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como Hijo enviado por el Padre y que nos guía a la comunión con Dios.
Quiero detenerme en el hecho de que el Espíritu Santo es la fuente inagotable de la vida de Dios en nosotros. Siempre el hombre ha deseado una vida plena y bella, justa y buena, una vida no amenazada por la muerte, sino que madure y crezca hasta su plenitud. El hombre es un caminante que atraviesa los desiertos de la vida, con sed de agua viva, que refresque su deseo profundo de luz, amor, belleza y paz.
Jesús nos da agua viva: ella es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús vierte  en nuestros corazones, para que tengamos agua y vida en abundancia.. Jesús prometió "agua viva" a la samaritana, con abundancia y para siempre, para que todos los que le reconocen como el Hijo enviado pro el Padre para salvarnos. Cuando decimos que el cristiano es un hombre espiritual nos referimos justamente a eso: el cristiano es una persona que piensa y actúa según Dios, según el Espíritu Santo.
Nosotros ¿pensamos según Dios? ¿Actuamos según Dios? O ¿nos dejamos guiar por tantas otras cosas y no por Dios?
Del mismo modo que el agua el imprescindible para la vida del ser humano, el "agua viva" del Espíritu Santo nos vivifica, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos transforma y nos hace partícipe de la vida misma de Dios que es el Amor. 
Ese es el don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestros corazones: la vida misma de Dios, vida de verdaderos hijos, una relación de libertad y confianza en el amor y la misericordia de Dios. Y tiene como efecto también una mirada nueva hacia los demás, cercanos o lejanos, que son hermanos y hermanas en Jesús, a los cuales hay que amar y respetar.
Dejemos que el Espíritu Santo nos hable al corazón. Dejémonos guiar por Él. Vayamos adelante por este camino del amor, de la misericordia, del perdón.

Reflexiones Papa Francisco
Catequesis 8 mayo 2013 

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