EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

lunes, 12 de diciembre de 2016

HOY...

¿QUÉ ESPERAMOS, DE VERDAD?

Mucha gente está preguntando de Donald Trump. En todas partes quieren saber qué tipo de presidente será. No tiene experiencia como gobernante. No obstante tomará las riendas del país más poderoso en el mundo. Habla mucho de cómo salvará los empleos norteamericanos. Pero los designados de su gabinete parecen como capitalistas puros. Vamos a ver cómo es Donald Trump en este año venidero. Por ahora, nos sirve como ejemplo. Como la gente se pregunta de Trump, Juan Bautista se pregunta de Jesús en el evangelio de ayer.

Juan pensaba que Jesús era el Mesías cuando lo bautizó en el río Jordán. Pero desde entonces Jesús no ha actuado como el Mesías que Juan tenía en cuenta. No condena a los pecadores con gritos. Más bien, come con ellos para sacar su arrepentimiento. Ni predica sermones apocalípticos. Más bien, llama a sus seguidores “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”. Por eso Juan envía a sus discípulos a Jesús para preguntarle: “’¿Eres tú el que ha de venir…’”?; es decir, el Mesías.

La duda de Juan sobre Jesús vale para nosotros. Al menos algunos de nosotros tenemos otras expectativas para el Mesías basadas en cómo leemos el evangelio. Que esbocemos tres posibilidades. Entonces preguntaremos a nosotros mismos cuál de las tres corresponde lo mejor al evangelio.

En el tiempo de Jesús mucha gente esperaba a un Mesías político. Querían a un guerrero que podría expulsar al imperio romano de Israel. Hoy en día algunos quieren que Jesús venga para castigar a los malvados que les molestan. Pueden ser los vecinos que hacen ruido hasta muy noche o los jóvenes que ven fumando cigarros. Pero Jesús nunca ha pretendido ser Mesías guerrero. Por esta razón siempre dice a los testigos de sus hazañas: “no digan nada a nadie”.

Varias personas esperan ahora a un Mesías que va a llevar sus almas al cielo cuando mueran. Su única preocupación es evitar todo tipo de pecado. Vienen al templo sólo para rezar por sí mismos. No les interesa formar una comunidad para ayudar a los demás. Hay una pista –pero sólo una pista– de esta expectativa del Mesías en la segunda lectura de la misa hoy. Dice que hemos de esperar la venida del Señor como un labrador aguarda la cosecha. El labrador va a rezar por las lluvias mientras espera. Por supuesto, también tiene que preparar la tierra y sembrar las semillas, pero no hay mención de ningún trabajo –el equivalente a obras buenas– en el pasaje.

La mayoría de nosotros deberíamos estar esperando a un Mesías que va a cumplir nuestros esfuerzos. Es decir, hemos de servir a los demás en una manera  semejante a la de Jesús en el evangelio. Dice que Jesús se ocupa a sí mismo cuidando a los ciegos, sordos, cojos, leprosos, y pobres. Si nos ve continuando su socorro en la tierra, ciertamente nos reconocerá como suyos. Entonces nos llevará consigo a su Reino.


Un cine reciente mostró a un futbolista con una enfermedad terminal. Los médicos le dieron sólo cuatro años antes de que el deterioro de sus músculos corte su vida. En lugar de esperar su fin como gentes aguardando que la lluvia pare, él se dedicó a sí mismo a dos proyectos. Cómo la sal de la tierra, él hizo la vida más agradable de otras personas sufriendo la misma enfermedad pero sin sus recursos. Y como la luz del mundo este futbolista grabó una serie de videos contando a su hijo bebé de sus esperanzas por él. Es cómo Jesús va a reconocer a nosotros como los suyos: haciendo esfuerzos para ayudar a los demás y contando a nuestros seres queridos de nuestro amor.
P. Carmelo Mele O.P.

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