EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

domingo, 11 de junio de 2017

HOY... EL EVANGELIO (Jn 3, 13-18)

MISTERIO


Esta fiesta nos habla de Dios, pero: ¿más de cómo es o de quién es? Nos parece remitir, a lo que Él ha realizado en nosotros y en el mundo, por medio del Hijo y del Espíritu. La pregunta parece ser: ¿dónde está, dónde se le ve?, y no hay otra respuesta, que en la propia historia personal y la del pueblo. En ella descubrimos el sentido de la existencia, del dolor, de la enfermedad, de la muerte, de nuestra presencia en el mundo, del camino que debemos recorrer. Y por ello, podemos proclamar: “Creo en Dios”, no como una idea, sino como una experiencia, que llamamos experiencia de fe.

Dice la primera lectura del Éxodo: “Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya”. Nuestro Dios, es un Dios cercano, es lo que Jesús le cuenta a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Más aún: “Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. En estos tiempos de búsqueda, en que cuesta tanto captar la presencia de Dios, se puede creer o no creer en el Hijo, pero él seguirá caminando con su pueblo, ha bajado de su nube, como decía Martín Descalzo: “a tomar la tortilla con nosotros”.

Si vivimos en el temor, el miedo al castigo o a la ley o sólo confiamos en la ciencia, el dinero, el prestigio…, es difícil sentirse hijo de Dios. Si nos dejamos llevar por el Espíritu, podremos llegar al Hijo y a sentirnos hermanos del Hijo, sin olvidar lo que dice San Juan: “Si decimos que amamos a Dios y no amamos a los hermanos, somos unos mentirosos”. Amando a los demás hombres como hermanos, reconocemos la presencia de la Trinidad en nuestras vidas, una Trinidad que es comunidad y fraternidad. Lo dice San Pablo a los Corintios en la segunda lectura: “Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened el mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso santo”. Los cristianos somos trinitarios, es decir comunitarios, creemos en un Dios con tres personas, un Dios en relación.

Posiblemente, es el Amor de Dios, que se recoge, continuando la carta de San Pablo, todos los días como saludo al comenzar la Eucaristía: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros”, es la mejor fórmula para expresar el Misterio. Misterio que no hace referencia a algo intelectual, sino a algo que nos desconcierta, es la presencia de alguien que viene a nuestro encuentro por que es regalo- exigencia, comunicación, afecto, apertura, entrega, unión, alegría, vida, verdad, pero en persona y en personas. Esta fiesta resume nuestras búsquedas y la experiencia de ese Dios amor, que no sabemos cómo, da sentido y dirección a toda nuestra vida.

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