EL AMOR NO DEBE NACER EN LA ARENA DE LOS SENTIMIENTOS QUE VAN Y VIENEN, SINO EN LA ROCA DEL AMOR VERDADERO, EL AMOR QUE VIENE DE DIOS

(Papa Francisco)

martes, 27 de agosto de 2013

HOY HABLAMOS DE...

EL HOSPITAL


El hospital es una benemérita institución de la Iglesia Católica. San Basilio, en Cesarea de Capadocia, creó un hospital en el año 374, destinado a los leprosos y los más pobres, en un tiempo en que los pudientes se hacían atender en sus casas y los pobres, abandonados y sin familia no tenían adonde “caerse muertos”.

Había entonces mucha vocación, mucho corazón y muchas manos abiertas, pero poca técnica. Se prescribía tratar al enfermo pobre como a Cristo mismo. Es así que el director del centro recibía al enfermo, lavaba sus pies y le daba el beso de la paz, de la bienvenida. Lo recibía como a un huésped. De ahí el nombre de hospital. El enfermo pobre era “el dueño y Señor del hospital” (Papa Inocencio III).

Pero los tiempos cambiaron y trajeron cosas buenas: mayor socialización de la salud, mayores técnicas, mejores condiciones de vida… Pero también trajeron rasgos no tan positivos; el enfermo dejó de ser el Señor del hospital, la técnica aportó deshumanización, el centro de salud se politizó, la masificación… También cambió el concepto de ser médico. Antes era definido “Vir bonus sanandi peritus” (hombre bueno experto en sanar”. Perfecta síntesis de humanidad y profesionalización.

Hoy el profesional de salud –y no sólo el médico– ha de recordar que no visita o atiende a un número, patología o a una cama. El paciente es una persona que debe ser atendida y considerada en todas y cada una de sus dimensiones: física, emocional, social, religiosa e intelectual. Por eso ha de saber trabajar con un equipo multidisciplinar, respetuoso de los compañeros y de sus saberes.

También en el hospital hoy se nace con discapacidad, surgen conflictos éticos, se agoniza y se muere. El profesional no siempre está preparado para aportar sanas relaciones de ayuda. Y es paradójico: cuando clínicamente se le ha hecho todo al paciente, se han agotado todas las posibilidades técnicas, es entonces justo en el momento de mayor necesidad, vulnerabilidad y pedido de ayuda y presencia, cuando estamos tentados de dejar al enfermo más solo.

Recordar: 1) Está el profesional al servicio del que sufre; no el paciente al servicio del profesional. 2) No se puede pedir al profesional que ame al enfermo, pero sí que lo trate con humanidad. 

Cooperación
Mateo Bautista

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